Dónde está el centro galáctico desde Canarias: la posición que define Astro28
tecnica · 24 de agosto de 2026

Hay una pregunta que se repite en cada salida: ¿dónde va a estar la Vía Láctea esta noche? La respuesta, desde Canarias, tiene una particularidad que no se da en casi ningún otro sitio de Europa, y que resulta ser el motivo que da nombre a Astro28.
Los 28 grados que dan nombre a todo
Canarias está en torno a la latitud 28° Norte. Ese número no es un dato geográfico anecdótico: determina por completo la altura a la que veremos el centro de nuestra galaxia.
El núcleo galáctico se encuentra en la constelación de Sagitario, con una declinación de −29°, es decir, muy al sur de la esfera celeste. Y existe una regla sencilla: la altura máxima a la que un objeto puede llegar equivale a 90° menos la diferencia entre tu latitud y la declinación de ese objeto. Aplicada al núcleo desde nuestras islas, da 33°.
Comparemos con otros lugares desde los que se fotografía habitualmente:
| Desde | Altura máxima del núcleo |
|---|---|
| Canarias (28°N) | 33° |
| Cabo de Gata, Almería (37°N) | 24° |
| Albarracín, Teruel (40°N) | 21° |
| Montsec, Lleida (42°N) | 19° |
| Picos de Europa (43°N) | 18° |
| Dolomitas, Alpes (46°N) | 15° |
| Galloway, Escocia (55°N) | 6° |
Doce grados de diferencia con el interior peninsular parecen poca cosa dicho así, pero en la práctica lo cambian todo. Cuanto más bajo está el núcleo, más atmósfera atraviesa su luz, y más se lo comen la extinción atmosférica, la contaminación lumínica del horizonte y cualquier bruma. A menos de 10° sobre el horizonte, el centro galáctico es un fantasma. A 33°, se despega del suelo y se muestra con todo su detalle.
Conviene no confundir dos cosas distintas. La oscuridad del cielo depende de la contaminación lumínica, y en eso hay lugares excelentes en toda Europa. La altura del núcleo depende solo de la latitud, y eso no se puede elegir ni mejorar. Desde Galloway, en Escocia, se disfruta de uno de los cielos más oscuros del continente y aun así el centro galáctico nunca sube de 6°: se queda pegado al horizonte, entre la bruma. Canarias tiene la fortuna de reunir las dos cosas, cielos protegidos y una latitud que ningún otro punto de España iguala.
Desde Canarias, el núcleo permanece 9,7 horas sobre el horizonte, de las cuales casi 7 transcurren por encima de los 15° de altura, que es el umbral por debajo del cual yo ya no considero aprovechable una toma.
Lo que nunca cambia: el sur
Aquí llega la característica que más partido tiene a la hora de planificar, y la que más sorprende a quien empieza.
El núcleo galáctico culmina siempre a 33° de altura y siempre sobre el sur. En enero y en agosto, aunque en pleno invierno lo haga de día. Este año y dentro de diez. No cambia con la estación, no cambia con el año.
La consecuencia práctica es enorme: una localización con el horizonte sur despejado te sirve durante toda la temporada. El trabajo de buscar el emplazamiento se hace una sola vez y se reutiliza indefinidamente. Por eso, cuando exploro un sitio nuevo, lo primero que miro no es el paisaje: es qué hay hacia el sur y a qué altura se levanta.
Lo que sí cambia: la hora
Si la altura y la dirección son constantes, ¿qué es lo que varía a lo largo del año? La hora a la que ocurre.
Y varía siguiendo un patrón de una regularidad asombrosa: el núcleo culmina unas dos horas antes cada mes. Estos son los datos calculados para nuestra longitud:
| Mes (día 15) | Culmina hacia las |
|---|---|
| Abril | 06:15 |
| Mayo | 04:15 |
| Junio | 02:15 |
| Julio | 00:15 |
| Agosto | 22:15 |
Unas dos horas de mes en mes, que equivalen a unos cuatro minutos por día. Esa cifra no es casual: el día sidéreo, el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta completa respecto a las estrellas, dura 23 horas y 56 minutos. Cuatro minutos menos que el día solar. Cada noche, las estrellas se nos adelantan esos cuatro minutos, y al cabo de un mes la diferencia acumulada son unas dos horas. La hora exacta para una fecha concreta la da la app, que la calcula para tu ubicación.
De ahí nacen las temporadas que vivimos los astrofotógrafos de estas islas. En abril el núcleo culmina de madrugada, y hay que trasnochar o madrugar mucho. En junio y julio culmina en plena noche, en el momento más cómodo, con el arco completo desplegado de horizonte a horizonte. Y a partir de agosto culmina tan temprano que lo encontramos ya al anochecer, cada vez más caído hacia el suroeste, hasta que en septiembre y octubre lo que vemos es la banda vertical sobre el oeste, apagándose para la temporada.
Durante la noche: sale, sube, cae
Dentro de una sola noche, el núcleo describe un arco que también conviene anticipar. Aparece por el sureste, va ganando altura mientras se desplaza hacia el sur, alcanza sus 33° al cruzar el meridiano y después desciende hacia el suroeste hasta hundirse.
Esa trayectoria importa para la composición tanto como la hora. No es lo mismo querer el núcleo justo encima de un roque, lo que exige estar allí en un momento concreto de la noche, que buscarlo bajo y saturado de color cerca del horizonte, o quererlo alto y limpio en su culminación. Cada intención tiene su hora, y esa hora se puede saber con antelación.
La otra mitad del problema: la luna
Todo lo anterior es geometría, y la geometría es implacable pero previsible. Pero de nada sirve tener el núcleo alto, centrado y despejado si esa noche hay una luna gibosa iluminando el cielo. La luna es el factor que arruina más salidas de astrofotografía, y es también el más fácil de esquivar si se planifica.
El error habitual de quien empieza es pensar en términos de luna nueva o luna llena, como si solo hubiera dos opciones. La realidad tiene mucho más matiz, y ahí está la oportunidad. Lo que importa no es la fase en sí, sino cuánto tiempo coinciden un núcleo alto, un cielo sin sol y una luna que no moleste.
Una luna del 40% que se pone a la una de la madrugada te deja tres horas magníficas después. Una luna del 20% pero alta toda la noche puede fastidiarte más que aquella. Y una luna baja y fina, lejos del núcleo, incluso ayuda: ilumina suavemente el paisaje y te permite un primer plano con detalle sin recurrir a linternas.
Por eso conviene dejar de mirar el calendario lunar y empezar a mirar la intersección de las tres condiciones. A ese tiempo neto lo llamo horas útiles, y es el número que resume una noche mejor que ningún otro.
Cómo lo planifico en la práctica
Todo lo que he explicado hasta aquí puede calcularse a mano con tablas de efemérides, y así se hacía antes. Pero como a veces hay que decidir rápido, construí Astro28 precisamente para responder a esto en menos de un minuto, con los cálculos ya ajustados a nuestra latitud.
El flujo que sigo es siempre el mismo.
Primero abro el calendario y elijo la fecha que me interesa. La barra de «la noche de un vistazo» me muestra de un golpe cómo se reparte la noche: los tramos de crepúsculo, cuándo hay luna en el cielo y cuál es la ventana realmente oscura.
Después despliego «Posición del núcleo». Ahí veo la trayectoria completa dibujada sobre la línea del horizonte, con los puntos cardinales, y tres marcas: a qué hora y por dónde aparece el núcleo superando los 15°, cuándo y a qué altura alcanza su punto más alto, y cuándo se hunde. Con eso sé a qué hora tengo que estar en el sitio y hacia dónde montar el trípode. Lo expliqué en detalle en la entrada sobre el recorrido del núcleo galáctico.
Por último miro las horas útiles y la lectura de luna, que me dice el porcentaje de iluminación y hacia qué hora sale o se pone. Ese es el dato que decide si merece la pena subir a la cumbre o esperar a otra noche mejor.
La regla rápida es buscar las noches próximas a la luna nueva, pero conviene no quedarse ahí. Merece la pena comprobar también las noches de cuarto creciente en las que la luna se pone pronto, y las de cuarto menguante en las que sale tarde: muchas veces dejan ventanas limpias tan buenas como las de luna nueva, y encima con el terreno menos concurrido. Y a medida que avanza la temporada, comprueba además que el núcleo no se ponga antes de que llegue la oscuridad, porque a partir de septiembre esa es la limitación que manda.
Un cielo privilegiado, pero hay que salir a buscarlo
Vivir a 28° Norte nos da doce grados de ventaja sobre el interior peninsular y casi treinta sobre el norte de Europa. Nos regala un núcleo galáctico alto, limpio y con una regularidad que permite planificar con meses de antelación. Es un privilegio del que no siempre somos conscientes quienes lo tenemos a media hora de casa.
Pero el cielo no fotografía solo. Hay que saber cuándo mirar, hacia dónde y con qué luna. Y eso, afortunadamente, se puede calcular.
Si estás empezando, te recomiendo la guía de iniciación a la fotografía nocturna, donde explico el equipo y los ajustes básicos. Y si prefieres aprender directamente bajo el cielo, en los talleres de astrofotografía trabajamos todo esto en el sitio, con las cámaras montadas y el núcleo justo encima.
Buenos cielos.
Iván Cárdenes Muñoz
Fotógrafo de astropaisaje · Gran Canaria