Iván Cárdenes

Meteorología para astrofotografía en Canarias: cómo saber si merece la pena salir

tecnica · 31 de agosto de 2026

Mar de nubes desde el Pico de las Nieves, en la cumbre de Gran Canaria, con la capa de estratocúmulos por debajo de la cota del mirador

Planificar una salida tiene dos partes. Una es saber dónde y cuándo estará la Vía Láctea, que se calcula con exactitud y no depende de nadie. La otra es saber si el cielo va a acompañar esa noche concreta, y ahí ya no hay certezas, solo probabilidades.

Esta segunda parte es más exigente de lo que parece. Una app del tiempo te dice si va a llover, pero para astrofotografía eso es apenas el principio: un cielo despejado puede dar una noche mediocre, y una noche con nubes puede regalarte la mejor foto del año. En esta entrada te explico qué factores miran de verdad los astrofotógrafos, cómo los combino en Astro28, y sobre todo qué es lo que ningún modelo meteorológico puede decirte.

Siete factores, no uno

El AstroScore de la app resume la noche en un número del 0 al 100. Detrás de esa cifra hay siete variables, cada una con su peso, y conviene entender por qué unas pesan más que otras.

Factor Peso Por qué
Nubes 30% Si tapan el cielo, no hay foto posible
Transparencia 30% Polvo en toda la columna: determina cuánto detalle se ve del núcleo
Luna 15% Lava el cielo y borra la Vía Láctea
Calima 10% Polvo a ras de suelo: ensucia el horizonte y la vista
Humedad 5% Riesgo de rocío en el objetivo
Seeing 5% Turbulencia en altura: estrellas menos definidas
Viento 5% Trepidación del trípode en exposiciones largas

El reparto no es caprichoso. Las nubes y la transparencia se llevan el 60% del peso porque son las que deciden si la noche sirve o no. La humedad y el viento pesan poco porque son molestias gestionables: una banda calefactora resuelve el rocío y un buen trípode aguanta la brisa.

La luna merece una explicación aparte, porque no se mide como la mayoría espera. No basta con la fase: lo que importa es cuánto tiempo molesta de verdad durante la ventana en la que el núcleo está sobre el horizonte.

Astro28 recorre esa ventana en pasos de cinco minutos y comprueba en cada momento si la luna estorba. El criterio combina altura e iluminación: bajo el horizonte nunca molesta; con menos del 15% iluminada solo estorba si está muy alta, por encima de 35°; a partir del 55% molesta siempre que esté en el cielo; y entre medias, desde unos 20° de altura.

De ahí sale la fracción de ventana limpia, que es lo que más pesa dentro del factor: un 70% esa fracción y un 30% la iluminación bruta. La consecuencia es que una luna del 40% que se pone a medianoche puntúa mejor que una del 25% que se queda alta toda la noche, aunque la fase diga lo contrario. Y si domina casi toda la ventana, actúa como tope y limita la nota igual que las nubes o la calima.

Hay además un caso en el que la luna no es un problema sino un recurso: fina, baja sobre el horizonte y en dirección opuesta al núcleo, ilumina el primer plano sin lavar el cielo. El calendario lo detecta y lo señala en lugar de penalizarlo.

Y una particularidad que conviene retener: de los siete factores, la luna es el único que se calcula con exactitud y con meses de antelación. Los otros seis son probabilidad; este es geometría. Por eso es el primero que miro cuando planifico una salida lejana.

El seeing merece una aclaración, porque su peso bajo es deliberado. No existe un modelo público de seeing con resolución fina para Canarias, así que la app lo estima a partir del viento del chorro en altura. Y en astrofotografía de paisaje importa poco: con un gran angular, cada píxel abarca unos 50 segundos de arco, así que un seeing de 2 o 3 segundos es físicamente invisible. Es un factor decisivo en telescopio, no aquí.

Los factores meteorológicos se calculan como media de la franja de 22:00 a 05:00, no del día entero. Es una diferencia importante: a nadie le importa si va a estar nublado a mediodía.

La regla del más restrictivo

Esta es probablemente la parte menos evidente del cálculo, y la que más problemas evita.

Una media aritmética miente cuando hay un factor eliminatorio. Imagina una noche de luna nueva, sin viento, seca, con seeing excelente y un 90% de nubes. La media saldría alta, y sería absurdo: con el cielo cubierto no hay nada que fotografiar por buenos que sean los demás factores.

Por eso el AstroScore aplica topes. Si la nubosidad supera el 80%, la puntuación no puede pasar de 15, y aparece directamente como «No recomendada». Entre el 60% y el 80%, el tope es 40. La calima densa funciona igual, y también la luna: cuando domina prácticamente toda la ventana oscura, la nota no pasa de 45 por bueno que sea el resto. Y cuando concurren varios, manda el más restrictivo, para que ninguno quede enmascarado por otro.

La consecuencia práctica es que un número bajo siempre significa algo concreto. Si ves un 15, no es que la noche sea regular tirando a mala: es que hay un problema que anula todo lo demás.

Qué significa cada tramo

Puntuación Categoría Qué hacer
90 o más Excepcional Noche extraordinaria: sal sin dudarlo
80 a 89 Excelente Muy buenas condiciones
70 a 79 Muy buena Buena noche para salir
60 a 69 Aceptable Con alguna limitación
45 a 59 Regular Solo para pruebas o práctica
30 a 44 Baja Mejor esperar otra noche
Menos de 30 No recomendada Quedarse en casa

Mi consejo: no persigas solo los noventas. Una noche «Muy buena» con el núcleo bien colocado sobre tu composición vale mucho más que una «Excepcional» en la que el núcleo esté detrás de una montaña. La meteorología es solo la mitad del problema; la otra mitad es la posición del centro galáctico.

La calima, nuestro factor local

En Canarias tenemos una variable que no aparece en casi ninguna app de astrofotografía del mundo: el polvo sahariano.

La calima no se comporta como las nubes. No tapa el cielo, lo lava: apaga el contraste, atenúa las estrellas débiles y le roba al núcleo todo el detalle que hace que merezca la pena fotografiarlo. Una noche despejada con calima puede ser peor que una noche con nubes dispersas.

Astro28 usa dos medidas del servicio europeo Copernicus CAMS y las muestra por separado: la transparencia refleja el polvo en toda la columna de aire, y la calima el que hay a ras de suelo. Así puedes distinguir una capa alta que ensucia el cielo sobre la cumbre de una calima baja que solo afecta a la costa. Para descartar una noche se usa la peor de las dos.

Aun así, queda una limitación que debes conocer: **ninguna de las dos medidas dice a qué altura exacta viaja el polvo**. Por eso mi rutina cuando hay aviso de calima es contrastar siempre el dato de la app con el mapa del modelo SKIRON que enlaza la sección Meteo. Si los dos coinciden, me fío. Si discrepan, la incertidumbre es alta y decido con lo que vea al llegar.

La panza de burro: cuando la previsión se equivoca a tu favor

Este es el fenómeno que más malentendidos genera entre quienes vienen de fuera, y la razón por la que conviene no leer la previsión al pie de la letra.

El alisio deja con frecuencia una capa de estratocúmulos entre los 800 y los 1.500 metros. La previsión de nubosidad para la isla puede marcar un 70% de cielo cubierto, y esa cifra ser rigurosamente cierta a nivel del mar. Pero si subes a la cumbre, a 1.900 metros, esas nubes quedan por debajo de ti: el cielo está limpio y además tienes el mar de nubes bloqueando la contaminación lumínica.

Los modelos de nubosidad dan un porcentaje de cobertura por columna, sin decirte a qué altura está esa capa. Es la misma limitación que la calima: falta el eje vertical.

Mi manera de resolverlo es sencilla. Cuando la previsión da nubosidad media y hay situación de alisio, miro la altura de la capa en un modelo que la muestre por niveles, y si la base está claramente por debajo de la cota de la cumbre, subo igual. Algunas de las mejores fotos de mi archivo han salido precisamente de esas previsiones que parecían malas.

Los tres límites que conviene tener presentes

Ninguna herramienta de planificación es un oráculo, y conviene saber dónde están sus límites.

La resolución. Los modelos meteorológicos trabajan con mallas de unos 11 kilómetros, y los de polvo de unos 40. Toda la red de miradores de Gran Canaria cabe en 24 kilómetros, así que el pronóstico apenas distingue entre un mirador y otro. Lo que de verdad diferencia una localización de otra es el horizonte, la altitud y la contaminación lumínica, no el parte.

Y conviene decir algo más sobre esos miradores: son los puntos oficiales del Cabildo, pensados para observar a simple vista y con acceso cómodo en coche. Para fotografiar la Vía Láctea rara vez son los mejores sitios. Los buenos suelen estar lejos de las carreteras, al final de un sendero, y son los que te permiten componer con un primer plano que valga la pena. Un mirador es un buen punto de partida para orientarte, no necesariamente el lugar donde vas a hacer la fotografía.

El eje vertical. Ni la calima ni la nubosidad indican altura, y en una isla con casi 2.000 metros de desnivel esa es justamente la información que más falta hace.

El horizonte temporal. El AstroScore evalúa la noche inmediata, porque es donde la previsión resulta realmente fiable. Para mirar más allá están los mapas de la sección Meteo, que sí muestran la evolución de los próximos días. Por eso el calendario ofrece geometría y luna para cualquier fecha, que son cálculos exactos y no caducan, pero no inventa meteorología para fechas lejanas: mezclar ambas cosas sin avisar sería engañar.

Cómo lo uso yo antes de una salida

Empiezo por el calendario, eligiendo primero la noche por criterios astronómicos: cuándo está alto el núcleo y cuánta ventana limpia de luna hay. Eso lo puedo hacer con semanas de antelación, porque no caduca. Lo conté en detalle en la entrada sobre el recorrido del núcleo.

Los días previos sigo la evolución en los mapas de la sección Meteo, que es donde se ve venir un frente o una entrada de polvo con margen suficiente para cambiar de planes.

Y ya el mismo día, consulto el AstroScore, que evalúa la noche inmediata con datos actualizados. El número me da la primera impresión, pero lo que de verdad leo son las barras del desglose: no es lo mismo un 65 por nubosidad que un 65 por calima, porque el primero puede cambiar en horas y el segundo suele durar días.

La regla que resume todo

Si tuviera que quedarme con una sola idea, sería esta: **la previsión sirve para descartar noches, no para garantizarlas**. Un número bajo por nubes o calima es una razón sólida para quedarse en casa. Un número alto es una invitación, nunca una certeza.

Y la parte que ningún modelo puede darte se aprende saliendo: reconocer una situación de alisio, saber que tras un frente el aire queda especialmente limpio, o intuir por la luz del atardecer si hay polvo en suspensión. Esa lectura del cielo no se descarga, se acumula noche tras noche.

Si quieres acelerarla, en los talleres de astrofotografía dedicamos siempre un rato a interpretar la previsión del día y a compararla con lo que realmente tenemos encima. Es la parte que más comentarios genera y la que más se aprovecha después.

Buenos cielos.